04 marzo 2008

Gastando suela.


Caminante no hay camino se hace camino al andar, se gasta suela al andar... y hoy quiero rendirle un homenje a mis pies, a mis piernas... que a tantos sitios me han llevado. ¿Por qué hoy este homenaje?, pues es bien fácil, esta mañana me saqué el carné de conducir, y ahora las cosas las veré desde otra perspectiva, y a una velocidad muy diferente.

Y es que cuando estás dentro del coche apenas te da tiempo a fijarte en los pequeños detalles de la vida, vamos tan pendientes de cúal es nuestro destino..., de que el coche de delante se de prisa..., de si hay un hueco libre para aparcar..., que no nos paramos a observar lo que acontece a nuestro alrededor, los pequeños detalles de los que se dota la realidad. Cuando estás dentro del coche estás en tu propio mundo con tu propia música, y basta sólo con apretar un simple botón al lado de la ventanilla para dejar de escuchar lo que dicen los que como tú están parados ante el semáforo, basta sólo con darle a ese mismo botón para que deje de meterse el aire frío y molesto dentro de nuestro mundo y poner luego la calefacción, y es que lejos de ser ventajas, todos estos hechos desvirtúan nuestra concepción del tiempo, y de la realidad...Recordemos pues esos días en los que está lloviendo y estás esperando a la guagua metida bajo un pequeño toldo en el que como tú, hay tres o cuatro personas más. Recordemos pues esos momentos en los que caminando te dispones a acudir a tu destino, y no hay ningún tipo de obstáculo, porque lo mismo te puedes meter por un callejón, que atajar por un parque, o saltar, sin que nadie te vea, una valla..., que nadie ni nada nos impida acudir a nuestro destino..., es también caminando como mejor se percibe el efecto de la naturaleza, cuando sentimos cómo el viento se enreda entre nuestros cabellos, haciendo de nuestro pelo su más espléndida obra de arte..., es también caminando cuando te encuentras una mujer embarazada apoyada en otra a punto de dar a luz, cuando puedes preguntarle si necesita algún tipo de ayuda, y a la que acto seguido después de cerciorarte de que todo va bien le deseas la mejor suerte del mundo para que todo vaya bien..., es también caminando cuando te puedes fijar en el suelo en busca de alguna monedita, o con mucha suerte un billetito..., es también caminado cuando podemos jugar a sortear las juntas que hay entre baldosa y baldosa, o también procurar no pisar las líneas blancas del paso se cebra..., es también caminado cuando cuando puedes dar cuenta del cásting para una obra de teatro, o del número de teléfono de una vidente que lo mismo te echa las cartas del tarot que te vende empanadillas por encargo..., es también caminando...

Y es que si bien es cierto que un coche te da ciertas facilidades por cuanto que es más rápido y cómodo, y apenas exige algún tipo de esfuerzo, no podemos negar que ser un caminante te ofrece multitud de historias que observar y de las que sólo tú podrás ser partícipe si te encuentras ahí en ese momento.

Yo seguiré probablemente gastando suela..., en la acera, y como no..., en el pedal del acelerador.


02 marzo 2008

Doblan las campanas.

video

¿Por quién doblan las campanas?

Por un don nadie que tiene el cielo como techo, la lluvia como ducha, y que tiene una despensa en cada calle que hace las veces de guardarropa...

-No se cómo se llama, pero más de una vez me ayudó a subir las bolsas de la compra hasta mi casa.

-¿Ese no es el que dormía en la esquina dónde están aquellos cartones?... Sí, que se le había muerto la mujer hace un par de años, y que estaban siempre trasteando en la basura.

-¡Ay!, ¿quién se murió?..., ¡mira quien es...!, el que se ponía de pesado a contarnos las historias de cuando era militar, y que siempre le regalaba juguetes de la basura a los niños.

-Claro, eso era por que como nunca tuvo hijos... quería mucho a los niños de la zona, ¡pobre hombre...! Él estaba ya viudo..., que se había muerto la mujer hace poco más de un año o así. Recuerdo que un día ayudó a mi marido a pintar la barandilla del balcón, y lo invite luego a comer en mi casa y a que se diera una ducha. ¡Era un hombre muy agradecido!

-¡Ay!, ¿quién se murió...?, ¡el del callejón!, no puede ser, si ayer lo vi yo y estaba como un roble el hombre..., ¡joder, que poco dura la vida!, te coge un día y ni te enteras...

-Ese era el que me regaba el jardín a cambio de un vaso de vino, y que siempre estaba dispuesto a ayudarte en algo el hombre, ¡que pena!, no me esperaba yo que se muriera tan pronto, por que tapoco era un señor muy mayor, tendría sesenta y algo creo yo...


Había muerto un don nadie, un hombre sin nombre..., pero todo el mundo sabía quien era. Y todos tenían algo que agradecerle. Y todos se sumaban al doblar de las campanas, todos tenían que pagarle un favor, que en vida él les hizo. Y todos lo acompañaron en su despedida, y en esta un trocito de cada uno de ellos se fue con él. Había muerto un don nadie que lo había sido todo...

 
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